Tokyo Nobody o una impresión de Japón

“¿Y en dónde quedaría, exactamente,  ese Japón?”
Balbidou levantó el extremo de su bastón, apuntando con él más allá de los tejados de Saint-August.
“Siempre recto”, dijo, “Hasta el fin del mundo”

                                                                                           Seda, Alessandro Barico.

Por Flor J.

Acerca de este diario:

Hace tiempo ya que fui por primera vez a Japón.  Mi jornada laboral era similar a la de un salary man: me levantaba con el sol y salía del trabajo cuando éste ya se había ido. El tiempo libre lo dedicaba a vagabundear por ahí, recorriendo tiendas y estaciones de metro. Un buen día, en una librería de segunda mano en Otsuka,  me encontré un libro que cambiaría mis días, su nombre era Tokyo Nobody del fotógrafo Masataka Nakano.  Él se dedicaba a fotografiar lo imposible: un Tokio vacío.  Este libro despertó ciertas inquietudes de mi vida allá. Me di cuenta que en mi rutina (sin querer o por el trabajo) me fui alejando de todo. Los lugares que visitaba a diario, prácticamente, me parecían vacíos por el poco contacto que tuve  con las personas; por lo que también fue una época de pocas palabras. Todo era moverme con la multitud y aun así, sentir un profundo aislamiento que no había experimentado hasta entonces. Por eso es que parte de la idea de Nakano se convirtió en mi propio proyecto. Un Tokyo Nobody mío, no por borrar multitudes de las tomas,  sino para registrar la soledad y el vacío que me absorbió en aquél lugar. (Corrección del tono de esta entrada: aunque parezca melancólica la descripción, a decir verdad, fueron los días más felices de mi vida)

TOKYO NOBODY

Japón:
El país de la Líbelula

La tierra de Wa (I a.d.e., Han Shu)
El país de Yamatai (III d.n.e., Wei Chih)

Tokio:
Edo

La capital del este

Esta ciudad te absorbe hasta que pierdes noción de ti. Intentas negarte hasta que, de pronto, un día, ya  no existes. En realidad, nadie existe en esta ciudad.

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Estación Komagome
駒込駅

 En la estaciones te debes de formar en silencio y esperar. Las vallas automáticas sólo se abren cuando el tren llega. Ya abordo puedes desfallecer de sueño, meterte en el mundo virtual o simplemente estar ahí… con la mirada fija, desentrañando las partículas de polvo.

 

 

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Kita-Otsuka
北大塚

Vienen y van. Dejan sus bolsas enormes repletas de ropa. Desaparecen en las puertas corredizas y regresan veinte minutos más tarde o ya nadie regresa. Alguien más llega, saca la ropa y la coloca en un cesto. Arroja la suya en la máquina y desaparece. Tú observas la ropa abandonada y acumulada sobre una repisa, debajo de una imagen de los dioses de la fortuna.

 

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Ueno
上野

En los restaurantes. Entras, presionas los botones en una máquina. encuentras tu lugar en las barras junto a otros solitarios. Aparece tu comida. Reverencia y un ありがとうございます (gracias) en tu acento extranjero. Te pones los audífonos. Lees un manga aunque no entiendes nada. Terminas tu comida. Reverencia y ahí va tu mal japonés de nuevo. No importa. Abres la puerta y te marchas.

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Estación Otsuka
大塚駅

Caminas un largo rato. Subes y bajas en las estaciones de metro. Te compras un té y unos cigarros. Te sientas frente al 7/11 mirando hacia aquél edificio, como ese día en que llegaste y hay una multitud y no hay nadie. Tampoco tú… y piensas, piensas que si alguien te preguntara “¿y cómo es el fin del mundo?”, tú responderías: “El fin del mundo es invisible”.

 

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