La crítica de Azzah Sultan y Pierre Valls a la visión del musulmán en Occidente

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PBS

Por Flor J.

Durante la época de elecciones en Estados Unidos (2016), y como respuesta a la retórica antimusulmana del cheeto parlanchín, digo Trump, una organización musulmana – pro Hillary Clinton-  colocó un anuncio en árabe, en Michigan, que expresa lo siguiente: “Donald Trump, he can’t read this, but he’s afraid of it anyway”   Y creo que la identidad del musulmán puede definirse a partir de esto, de donde proviene la interrogante : ¿Por qué el musulmán infunde miedo en Occidente?  En mi percepción, el musulmán es visto como un ente externo aunque sea un connacional, como sucede con los mismos latinos. Quién no se ha topado con esas historias que aparecen en distintos lugares sobre personas que amenazan a musulmanes diciéndoles que regresen al lugar de donde vinieron y a lo que el atacado responde: “Yo pertenezco al mismo lugar que tú”.

En un contexto contemporáneo, esto se debe en gran parte al problema de la crisis migratoria.  La gran ola de personas provenientes de Medio Oriente, que en su mayoría son gente desplazada que huye de la sombra de terror de DAESH y de la inestabilidad política de la zona.  Como consecuencia, se ha apreciado el resurgimiento de partidos y grupos civiles de ultra derecha en Europa y Estados Unidos que utilizan en una retórica de odio caracterizada por el nacionalismo exacerbado y la difusión de la islamofobia y xenofobia en los medios masivos de comunicación (T.V., redes sociales, etc.). Como consecuencia, esto ha hecho que la persona que profese el Islam se le encasille de dos formas: el primero es en un estereotipo y sea visto únicamente como un exiliado, forastero, una persona que está en constante movimiento y no como ciudadano. La identidad de alguien así es contraria a los cimientos de ciertas culturas occidentales, pues según Nikos Papastergiadis “es considerada una desviación de las convenciones normales de la vida sedentaria[2]”. Entonces, el migrante, puede ser percibido como el “personaje sospechoso buscando tomar ventaja injusta de los residentes y es visto como una amenaza de los órdenes sociales que prevalecen en el lugar[3]”.

El segundo, es el mismo Islam. Zizek señala que el ser musulmán en Occidente representa –desde la perspectiva del Islam que predica Daesh- “[el] insoportable control excesivo de la sexualidad o la prohibición de la educación secular[4]”, es decir, el “fin” de las bases sobre las que la libertad occidental está colocada.  De esta manera, una forma de entender el miedo que le infunde a Trump, sus secuaces y las ultras derechas con retórica antislam, puede provenir del miedo a que estas personas es ese “otro” que amenaza toda forma de vida conocida  que busca un beneficio que no le corresponde en una sociedad que no es la suya y que, por sus creencias religiosas, amenaza la libertad,  el pensamiento propio la misma. Y como consecuencia, siempre será ese agente externo y un peligro latente.

En el arte este tipo de visión se ha criticado duramente.  Dos artistas y sus respectivas obras son las que más me llaman la atención, por la forma en que abordan la situación porque son un derechazo a lo que sucede:

Radical Media de Azzah Sultan

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Azzah Sultan vía Scoopnest.com

Azzah Sultan es una artista musulmana originaria de Indonesia y asentada en Nueva York desde el 2013. Los proyectos de Sultan se caracterizan por lanzar cuestionamientos acerca de la manipulación mediática sobre el Islam; el rol de la mujer dentro de esta doctrina religiosa y sobre los problemas de identidad que atraviesan los musulmanes, ciudadanos en distintos países, al no poder practicar libremente su fe por temor  a represalias.

Radical Media” (2016), es un video de 7 segundos en donde  la artista utiliza distintas grabaciones de programas de noticias de alto prestigio en Estados Unidos como CNN y otros más chafas como FOX; así como  entrevistas a personajes involucrados en la política. En estos  busca las palabras Radical Islam, Radicalize, Moderate Muslim, Jihad y Sharia Law[2]; mismas que se repiten una y otra vez a lo largo del video para culminar con un entrevistador que pronuncia: “Radical Fundamentalist Jihadist”.  Para Azzah, la visión negativa del Islam proviene exactamente del uso de este vocabulario con el que lanzan un mensaje manipulado haciendo que de manera inmediata se relacione a dicha religión con estos términos y como consecuencia,  hacer crecer intolerancia. De esta manera Radical Media pone en evidencia que el discurso en contra del Islam también se ha vuelto radical y mediante esta misma técnica de repetición, el espectador de la obra toma, momentáneamente, el lugar del musulmán y prueba lo perturbador que es escuchar la aversión que existe en la opinión pública, en algo que es parte de su identidad.

 

La Marsellesa de Pierre Valls

 

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Pierre Valls, La Marsellesa, 2015, México, vía pierrevalls.com

Pierre Valls es un artista francés con una línea de crítica de las prácticas artísticas, políticas y sociales. Los proyectos  acerca del mundo musulmán tienen como punto de partida la forma en que la mediatización del terrorismo y su vínculo con el islam ha afectado las comunidades musulmanas en España y Francia, pero que se pueden extender a otros países. La obra de “La Marsellesa” (2015)  quizá sea una de las piezas más controversiales de Valls que pone en tela de juicio la nacionalidad francesa desde un duro golpe a la memoria colonial de este país a través de su mismo  himno nacional, mismo que representa la unión y orgullo como nación. ( Debemos recordar ese emotivo momento en que este  fue entonado por el parlamento francés después del discurso de Hollande sobre los ataques de París y a nivel mundial para demostrar su solidaridad con Francia.)

El proyecto del artista francés consta de un performance capturado en  video en que las dos primeras estrofas del himno nacional sean recitadas en árabe por él mismo. El interés del artista es poner en el foco central al francés musulmán de ascendencia árabe que es igualmente tocado por los acontecimientos violentos en su país y por el país que se le ha puesto en su contra y lo han aislado de su nacionalidad. Pierre menciona que se eligieron las dos primeras estrofas del himno ya que resaltan la “peligrosa exaltación de lo propio comparado y enfrentado[1]”. Al realizar este performance no sólo se busca es la integración de que el ciudadano excluido por medio de la “herramienta más poderosa de la cultura[2]” y sobre todo en la cultura musulmana: el lenguaje. Sino que hace una misma crítica a la manipulación de la lengua árabe en medios franceses u occidentales, ya que si no se supiera que estas estrofas pertenecen a la Marsellesa, bien podría sentenciarse que se trata de algo que se relaciona con el fundamentalismo islámico:

Marchemos, hijos de la patria,
Que ha llegado el día de la gloria
El sangriento estandarte de la tiranía
Está ya levantado contra nosotros (bis)
¿ No oís bramar por las campiñas
A esos feroces soldados?
Pues vienen a degollar
A nuestros hijos y a nuestras esposas

¡ A las armas, ciudadanos!
¡ Formad vuestros batallones!
Marchemos, marchemos,
Que una sangre impura
Empape nuestros surcos.

Y creo que aquí se compagina con esa primera línea con la que inició el artículo. Si esto se escuchara en árabe y se tradujera, la gente tendría miedo. Sería condenado y causaría indignación por su carga violenta. Y es mismo en la frase “Que una sangre impura” en donde resuena en el eco de “Sangre de los infieles” utilizado por los extremistas.

¿A qué limitaciones nos enfrentamos en ambas obras?

Aunque es cierto que el islam ha sido “satanizado” en occidente, ver al musulmán como víctima tampoco es una imagen del todo acertada, -sí tampoco voy a hacer una apología del musulmán por mucho que admire su historia, arte y cultura-. A pesar de que considero que ambas obras tienen un valor crítico importante para llamar a la reflexión sobre los estereotipos del musulmán y el rechazo que estos han generado, creo que, a su vez, con los mismos cuestionamientos que lanzan, también fomentan una visión, si no negativa, ambigua del Islam. ¿Por qué? pues presentan el problema, pero no solución y entonces el conflicto se vuelve repetitivo. A pesar de que hablamos de esta persona que profesa cierta religión, también es un ser humano que trabaja, tiene familia, estudia, sufre; pero que también comete crímenes y miente, como cualquier otro individuo.  Aunque la complejidad de esta situación, podría ser que al devolverle estas características al musulmán se abra más el horizonte para comenzar a cambiar la opinión que Occidente tiene del musulmán y poder identificarse con ese tan temido “otro”.

 

 

 

[1] Diego Renart, La Marsellesa, http://pierrevalls.com/index.php?/projects/la-marsellesa/ fecha de consulta: 22/10/2016

[2] Idem

[1] http://azzahsultan.com/Video/Radical-Media  fecha de consulta 22/10/2016

[2] Azzah Sultan, Thesis, disponible en: http://azzahsultan.com/Video/Thesis fecha de consulta 22/10/2016

[1] https://www.rt.com/usa/363212-michigan-billboard-mocks-trump/ fecha de consulta: 22/10/2016

[2] Nikos Papastergiadis, “Wog Zombie: The De- and Re-humanisation of Migrants from Mad Dogs to Cyborgs”, Cultural Studies, Vol. 15, no. 2, 2009,  pp.: 147.  Disponible en https://epress.lib.uts.edu.au/journals/index.php/csrj/article/view/2043/2221 fecha de consulta: 14/10/2016

[3] idem

[4] Slavoj Zizek, Islam y modernidad, Reflexiones blasfemas, Herder, 2015, pp.: 31

[5] Edward Said, Orientalismo, DeBolsillo, Barcelona, 2007.

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