Artífice Scandiacus por Juan Rey Lucas

Aquí les traemos al cuento ganador de nuestro 1er. Concurso de Día de Muertos.

 

ARTÍFICE SCANDIACUS

por Juan Rey Lucas

 

Arrasaba con toda casa, territorio, fábrica, edificio y monumento. El terror más
grande que arrollaba a la ciudad. Sombrío y misterioso. Las noticias lo cubrían
para poder ayudar a los damnificados y gente que habría sufrido alguna perdida.
Pero algo había demasiado extraño, demasiado enigmático. Juanito tras recorrer
el quinto camino que dejaba la avalancha de naturaleza que destruía todo a su
paso, se percataba de algunas incógnitas: veía cómo la travesía de destrucción
era un recorrido que siempre acaba con tan sólo una vida, una persona. Las
autoridades después de las catástrofes encontraban siempre el cadáver de un
individuo solamente. Es cierto que hubiera bajas, ¿pero sólo una siempre? Años, y
años yendo y viniendo la tempestad y sólo el niño se preguntaba aquello. Nadie
más lo hacía, pensaban que era cuestión de la fortuna que se tenía en esas
circunstancias. Pero parece que era cuestión de algo más meditado y enfocado en
su acción. Tras el penúltimo de los arrasadores pasos del vendaval juanito decidió
jugársela literalmente e ir detrás de él. Como una mascota tras su dueño.
Escapándose de la guarida que su familia tiene para esos días en que pasa la
vorágine, juanito se escapa, y con todas sus fuerzas va tras él. Insiste, no claudica
y continúa. Se acercó tanto que fue aventado por un golpe de agua furibundo que
lo dejó casi noqueado. Pero resistió. Se pudo percatar que hasta donde llegó oyó
los gritos de alguien clamando, suplicando, sin que nadie por obvias razones lo
oyera. Dentro del ojo del marasmo era imposible que alguien pueda escuchar los
auxilios. Se encontraba uno como expulsado al espacio o sepultado en el centro
de la tierra. Juanito desde su lugar en el que quedó semi sepultado por el
desastre, ve a lo lejos un ser alado, emplumado, de ojos rasgados, enorme en sus
dimensiones, que solamente está sobre unas ruinas espulgándose. Pero parece
que además de eso midiera sus espacios entre él y la devastación de todo su
alrededor. Entonces trata de acercarse lo más posible para saber qué tipo de ave
es. Sí. Era un búho, un búho blanco. No un caballo de los jinetes del Armagedón,
no un chivo negro, ni una serpiente destructora de mundos adámicos. Era un
delicado búho blanco.

En eso el animal se percata de la presencia de juanito y tan sólo vuela a otro lado, pero no espantado o intimidado por que fuera descubierto, sino tan sólo desplazándose como teniéndole piedad al niño. Juanito no quería hacer conjeturas, pero estaba decidido a escudriñar los sucesos que al parecer hacían algún efecto de castigo. Recorre las bibliotecas y hemerotecas para conseguir los primeros hallazgos: se da cuenta que las víctimas tras los seísmos son personas con un largo pasado de antecedentes penales, con
varias condenas de por medio, siendo procesados o prófugos en su momento en
que murieron tras encontrarse con la colisión. Pero tampoco hay un arquetipo en
la temporalidad de las trombas. No existe algo que se le llame un tifón o tsunami
que llegue a las costas, y produzca semejante destrucción. Pero también era
sumamente raro que tan sólo aconteciera en la pequeña ciudad de Odeme.
Ninguno de las galernas ha tenido el mismo patrón. Puede tener una trayectoria
de muchos kilómetros cual gusano o tan sólo terminar en los pocos metros en los
que comenzó; pero sabía y estaba seguro que imperecederamente aquel ente
alado se encontraba al final de cada desastre. Lo había podido fotografiar pero no
lo captaba con mucha claridad, tan sólo un leve bulto color níveo por los aires, y
buscando en las cámaras de seguridad de la ciudad también vislumbraba algo; e
incluso en las noticias después que cada zona era resguardada por las
autoridades Juanito podía ver al ente sobre volando todavía en el área como
asegurándose del acto que acababa de ¿crear?
Yendo a buscar al inmueble de los anaqueles bibliográficos de la ciudad se
sorprende con lo más siniestro. Aquellas mangas descomunales que han pasado
por lustros y lustros, han conseguido mortandad exacta de novecientas diez
muertes que es lo que ha registrado el Instituto de Defunciones. Juanito en su
pequeña vida no podía comprender cómo habiendo estudiado que las
tempestades siendo habituales en su pasar aniquilador no tuvieran un índice de
óbito más alto o que estuvieran en números rojos. Pero no. Novecientos diez
cuerpos resultaba metódicamente perturbador saberlo. No era resultado del azar o
la contingencia del clima. Era una maldita cacería.

Estando en el edificio juanito observa como de pronto los libros comienzan a
derrumbarse, las cimientes de la construcción se doblegan como papel de origami.
Todo a su alrededor sucumbe ante una violencia que se oye acercándose más y
más hacía él. De repente desde una ventana a lo lejos observa como una persona
corre enérgicamente desorbitado con todas sus fuerzas; instintivamente levanta la
cabeza para poder ver si percibe algo desde los vitrales de la cúpula de la obra y
nota al pájaro siguiendo el mismo camino que el de la persona, sí, el mismo.
Entonces colapso total: ruido, terror, devastación.
Horas pasan para que los rescatistas encuentren a juanito en los escombros. Se
encuentra semi inconsciente, con una herida en la frente que no deja de sangrarle.
Los paramédicos llegan en su ayuda, y lo llevan al hospital. Entre aturdido y lucido
vislumbra a distancia al buharro desde los aires sabiéndolo algo tan grande que la
misma tierra no soporta su andar, o mejor dicho su volar. Solamente aquel niño
que ha buscado, e indagado aquellas muertes insondables que no tienen
comprensión, sino que sean el designio de fuerzas más extensas, más
inmisericordes, que se legitimaban no por buscar la aniquilación del todo, sino la
fulminación de aquello que tenía un ajuste de cuentas, un resarcimiento, un
pendiente, o quizá el encuentro que todos poseemos con lo providencial, sin saber
obviamente la temporalidad del choque.
Después de su merecido exilio auto impuesto por querer desenvolverse en las
grandes metrópolis Juan retornó a su ciudad natal para las posadas. Ya siendo un
licenciado prestigioso, casado, con una familia que lo adoraba y por su puesto una
empresa a espaldas de él que dependía totalmente de su liderazgo y mando. Pero
regresa solo, las festividades del penúltimo mes del año le ameritan una ocasión
especial para darle una sorpresa a su familia. Tan sólo con una pequeña maleta,
pues no cree necesitar más que eso. Sorprende a todos y muy en especial a su
madre, quien ya se encuentra en relación con otra pareja que no es su padre de
sangre.

Las calles en la noche se desbordan de gente disfrazada: dulces, juegos, regalos,
y cuanta parafernalia sea divertimento para todos. Juan en tanto sin pena le pide al novio de su madre si pudiera concederle un tiempo a solas, y qué mejor que tomar unas cervezas en el bar de la ciudad, pero de camino el que quizá puedan comprar algunas más en la tienda de abarrotes cerca de la casa para llegar ya bien amenizados.
Le pide que tomen un atajo. Un pequeño parque que hace cruce con el bar. El
novio de su madre acepta. Todo es charla placentera, risa, y buen dialogo. De
pronto.
-Muy bien, Joel, creo que es mejor dejarnos de estupideces. Espero sepas rezar,
porque créeme que yo lo he hecho desde que salí de este pueblo.
-¿De qué carajos me estás hablando remedo de hijo?
-Extorsión, secuestro, trata de blancas, narcomenudeo, contrabando de
pornografía…..bueno sigo o quieres que finja no saber…
-Ja, ja, ja, ja…..y dime hijo, ¿qué vas hacer?…
-¿Yo?….nada…..la vida ya te juzgo créeme…
Como estampida de demonios a lo lejos se percibe una tromba de devastación en
camino hacía ellos. Y sí, hasta el frente como guerrero líder yendo a provocar la
más oscura de las revoluciones, viene aquel personaje envuelto en plumaje
nevado, con ojos que sólo advierten la dicha de las lamentaciones. Juan aplica
una llave de lucha a Joel para que se encuentre imposibilitado.
-¡¡Estúpido!!……¡¡¡Vamos a morir no ves que viene hacía nosotros!!!…….
– No, viene por ti. Pero dos vidas, para que muchas más sean libres y redimidas,
creo que es un intercambio bastante justo. No un mundo, un universo mejor…
Después de la última devastación las noticias contabilizan el conteo total: 912
cuerpos. Dos más exonerados de la tierra. Enfrentados a lo infranqueable.

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