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Las niñas bien: Una mirada al privilegio perdido

Por Abril Peña

Desde el éxito de Nosotros los nobles, el cine mexicano ha estado plagado de comedias románticas, unas más chafas que otras y la verdad es que a pesar de todo, las disfruto mucho (las que no están tan malas). Sin embargo, debido a toda la taquilla que han tenido, el cine independiente ha quedado muy relegado y es difícil ver una película que llame la atención y que pueda salir de la temática, hasta que llegó Las niñas bien.

La actriz Ilse Salas interpreta a Sofía, una mujer de clase alta en el México de los años ochenta. El filme cuenta cómo es que ella y su familia comienzan a perder su fortuna debido a los malos manejos de su esposo en los negocios y a la crisis económica vivida en 1982. Mientras ella fantasea con Julio Iglesias vemos cómo su vida se descompone y el privilegio en el que había vivido comienza a desvanecerse, desde ya no poder comprarse vestidos en el extranjero hasta bañarse con agua de alberca.

La directora del largometraje es Alejandra Márquez Abella, quien logró hacer una película donde se retrata a las clases más altas sin ese tinte socarrón y de parodia al que las comedias recientes nos tienen tan acostumbrados.

El personaje de Sofía en un inicio podría pensarse que está destinado a caer mal, pero está tan bien y sutilmente construido que esto no sucede. Te sientes identificado con su desgracia burguesa. Por otro lado, se encuentra Ana Paula (Paulina Gaitán), la outsider, algo así como el personaje de Jessica Chastain (Celia Foote) en The Help (Historias cruzadas) donde llegó a ese lugar de privilegio casándose con un rico, pero a causa de ser la tercera en discordia. Es la típica muchacha buena onda y de buen corazón a la que no quieren aceptar dentro de su grupo porque le falta “clase”. Me hubiera gustado ver más diálogo entre ella y Sofía, porque los dos son personajes muy fuertes. Ana Paula no pide disculpas por ser como es.

Algo curioso en el filme es que en todas las escenas donde se están dando las noticias del futuro fatídico para la economía mexicana, Sofía siempre está ajena a ellas, nunca les presta atención, como sin querer aceptar que esa es su nueva realidad.

De mención honorífica es el diseño de vestuario a cargo de Annai Ramos, es exquisito. En cada una de las escenas Sofía está vestida de pies a cabeza con sumo cuidado, las faldas, suéteres, vestidos, botas, anillos, aretes, peinado etc. Nunca me habían gustado tanto las hombreras en alguien. Usa hermosas combinaciones de colores, texturas y joyas. Tan solo la primera escena en la que Sofía aparece con un vestido blanco y la cámara enfoca cada uno de los detalles de su vestimenta es el augurio de que el vestuario fue cuidado hasta el último detalle.

La escena final me confundió un poco, así que si alguien ya la vio déjeme en los comentarios que entendieron para saber si comprendimos lo mismo.

Las niñas bien es el ejemplo perfecto de que el cine mexicano de autor puede ser digerible sin dejar de lado la profundidad en sus personajes y en su historia. Es el balance perfecto. Está muy bien hacer comedias románticas para subir los números de audiencia, pero también es importante que la industria cada vez se vuelva más propositiva sin abandonar al espectador no especializado.

En La Isla de Minerva le damos 4 plumas mochueliles de 5

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Películas

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