Ready Player One y la nostalgía por los 80’s

Por Abraham Juárez.

Ready Player One (2018) marca el regreso de un Steven Spielberg enteramente Hollywoodense, mismo que nos regaló joyas en su momento como lo fueron Parque Jurásico (1993), Las aventuras de Indiana Jones (1981, 1984, 1989, 2008) o E.T. el extraterrestre (1982).  La película es una adaptación del libro homónimo de Ernest Cline del 2011, pero la obra de Steven Spielberg es sin lugar a duda una oda al lenguaje ya consagrado por él, el cine aventura. La fórmula cinematográfica tuvo su máximo durante la década de los años ochenta y los noventa con las películas ya mencionadas, fueron y siguen siendo toda una referencia para la cultura pop.

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Steven Spielberg con poster de E.T., vía nme.com

Con estas pocas líneas anteriores, podemos resumir lo que el espectador tendrá frente a la pantalla, un argumento sencillo –un personaje bueno con su “pandilla” que estará siempre apoyándolo, la chica a la que hay que salvar y un némesis sin complejos existenciales, es malo, porque lo es y punto–, además el público se encontrará con una gran banda sonora, que para este caso es una colección de música licenciada de la década de los ochenta, encontrando piezas emblemáticas de la época como lo es la rockera canción  “jump” de Van Halen hasta algo más pop como lo es “Take on me” del grupo A-Ha. En cuanto a las escenas de acción, son correctas y entretenidas aunque no de gran envergadura o que dejen una huella en el espectador como si lo hiciese la persecución del T-Rex en Parque Jurásico; tenemos también grandes efectos especiales marca característica de Spielberg; en cuanto a los personajes, es verdad que todos caen en cliché pero que gracias a la gran manera en que Steven Spielberg sabe contar una historia no se hacen tan tediosos aunque si predecibles su actuar, recuerdo haber escuchado un comentario sobre la manera de en qué el director construye de manera magistral sus películas: “si Steven Spielberg tuviera que contar la manera en que fue al odontólogo, lo haría con un lenguaje cinematográfico tal, que no sería por nada aburrido y contaría una aventura épica del suceso la cual te tendría entretenido por dos horas”.

Portada de Take on me de A-ha, vía CD and LP y Van Halen, vía Society of Rock.

La trama, como antes se apunta, es sencilla, va de un chico de nombre Wade Owen Watts que vive en el año 2045, dentro de un mundo distópico en el cual se ha creado un programa de realidad virtual donde todos los habitantes de la tierra huyen de su realidad y sus avatares cumplen sus sueños más profundos sin ataduras corporales. El creador de OASIS –un apasionado de la cultura de los años ochenta– al morir deja un concurso abierto en el cual el ganador conseguirá el control total del programa virtual es ahí donde el personaje comienza su aventura tratando de ganar el concurso por ser un gran fanático del creador de OASIS.

Es así que la película cumple su cometido, entretener, sin embargo, si lo que quiere el espectador/lector es una adaptación fiel al libro, tiene que mirar por otro lado ya que el director se toma muchas libertades a la hora de adaptar la novela y no podemos decir que se ha pasado por entre las botas al autor ya que Ernest Cline escribió el guion de la película –al igual que hizo Cliver Barker en la adaptación de muchos de sus libros a la pantalla grande y no coincidían ambos productos–. Algunos se quejan por el exceso de las referencias repetitivas –como es el caso de la consola casera el Atari 2600– sin embargo, hay que recordar que la película está hecha para gente que no es especialista en el género de videojuegos –como el caso que mencione– y es además, una anatema, dentro de estas referencias, de la cultura popular de los ochenta –y un poco de los noventa, el gigante de hierro por ejemplo– que aún sigue impregnando a las generaciones actuales y hace revivir la infancia de los ya entrados en años. En sus dos horas de metraje podemos encontrar toda una serie de easter egg –inception de si misma– a la cultura pop, desde el clásico DeLorean de volver al futuro (1985, 1989 y 1990) que utiliza Parzival –y del que también es dueño el autor del libro– películas animadas como el gigante de hierro (1999), videojuegos como Overwatch o Starcraft de la californiana Blizzard e inclusive la película de El resplandor (1980) de Stanley Kubrick, la cual es llevada de manera magnifica por Steven Spilberg.

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Collage de películas de Spielberg, vía Entertainment weekly.

En resumen, Ready Player One, es una película que cumple por ser lo que antes eran éstas, simples, fantasiosas, donde el bien triunfaba, donde todos éramos niños y la imaginación era más grande que la realidad, de una realidad, como en el caso de la película, que deseamos huir, pero también es resultona por la nostalgia, nostalgia por una época en la que se vivía más apaciblemente, se disfrutaba cada uno de los momentos que nos otorgaba la vida, donde la inmediatez de nuestros tiempos modernos no existía o al menos no para nuestra niñez o juventud, por eso la nostalgia de esa época vende y está más que nunca de moda y vigente, porque es nuestro lugar especial donde quisiéramos volver, nuestro OASIS al cual vamos para huir de la realidad.

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