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La Ley: El poder de una convicción

Por Abril Peña

La interrupción legal del embarazo es desde hace varias décadas una alternativa para las mujeres en Europa, desde hace 10 años lo es en la Ciudad de México y recientemente también en el estado de Oaxaca. En México, así como en el resto de países latinoamericanos, se ha dado gracias a colectivos feministas que han salido a las calles en demanda de este derecho, en las denominadas “mareas verdes”. Éstas se volvieron mundialmente conocidas debido al movimiento feminista en Argentina en 2018, año en el que se discutió la propuesta por la despenalización del aborto.

La loi, le combat d’une femme pour toutes les femmes (2014), por su título original, es un filme que retrata cómo fue en Francia la aprobación de la ley de la interrupción voluntaria del embarazo en 1974. Simone Veil (Emmanuelle Devos), sobreviviente del Holocausto, Ministra de Salud y única mujer en el gabinete de ese entonces, propone la ley ante un parlamento conformado casi en su totalidad por varones, 483 hombres, y únicamente nueve mujeres. Todo un reto. A esto se le suma la falta de apoyo de su propio partido, por lo que tuvo que ser muy astuta para lograr que los legisladores de las otras facciones la apoyaran. 

El director de la película es Christian Faure, nominado en 2015 en la categoría de Mejor Película para TV o Serie en los premios que otorga la Asociación de Prensa Francesa, los Globe de Cristal, siendo los similares a los Globos de Oro pero de Francia. La cinta formó parte del Festival Internacional de Cine Judío en México (FICJM) que se llevó a cabo del 17 de enero al 6 de febrero de 2020. Si ya no alcanzan a verla en el festival, seguramente la Filmoteca de la UNAM el próximo mes la estrenará, ya que en muchas ocasiones presenta en sus salas lo que sale de la Cineteca Nacional o de los ciclos más importantes de cine.

El filme tiene dos ejes focales, por un lado, la pugna de Simone por tratar de convencer a la mayoría de diputados para que ratifiquen la propuesta; mientras que por el otro, el trabajo de una periodista, Diane (Flore Bonaventura), que se encarga de visibilizar el problema de las mujeres más desamparadas. Ella se encarga de revelar lo que enfrenta la “mujer de la calle”. Visita los hospitales donde están recluidas las chicas que se realizaron un aborto clandestino o asiste a las reuniones que mantienen los manifestantes más tradicionalistas.

Lo que más sorprende es la entereza con que Veil se enfrenta a las dificultades: con gran temple, sin perder los estribos y, lo más importante, con su vista clara en el objetivo. En los debates llevados a cabo en el recinto legislativo, recibe comentarios ofensivos y personales de parte de sus compañeros diputados que toman provecho de lo que padeció como sobreviviente del holocausto. Ni siquiera eso es suficiente para desestabilizarla. Además, demuestra una gran inteligencia para definir bien su estrategia y no centrar su discurso en el feminismo, mal percibido todavía en la sociedad francesa, sino que se concentra en el aborto visto como un problema de salud pública.

El vestuario en este tipo de historias no es normalmente el elemento estelar, sin embargo, Eric Perron se encargó de vestir al personaje de Emmanuelle Devos de forma exquisita: de acuerdo a su edad, pero sin dejar de lucir elegante y sofisticada. Devos estuvo ataviada con lo que parecían los icónicos conjuntos de tweed de Chanel.

El único “pero” que pude encontrar fue la escena donde muere una de las chicas que tiene un aborto. Era innecesaria. La empatía que querían generar ya estaba ahí, no tenían que mostrar explícitamente una muerte para que se entendiera.

Comúnmente asociamos estos países con habitantes muy progresistas, de mente abierta, donde este tipo de legislaciones parecieran consecuencias naturales de la bonanza en que viven. No obstante, como se ve la cinta, ahí también existen los sectores conservadores que defienden aguerridamente sus ideas y así como en estos momentos en México y en general en América Latina, son estos grupos los que obstaculizan y lo único que resta es seguir en la lucha. Afortunadamente, en el presente ya contamos con una considerable cantidad de privilegios, pero estos no se obtuvieron fácil o gratuitamente. Los derechos se conquistan.

En La Isla de Minerva le damos 4.5 plumas mochueliles de 5.

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