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Urbanismo en América Latina

Por Alejandra Ávila Pérez

Latinoamérica se ha caracterizado por tener impuesto un sistema neoliberal como máxima expresión del capitalismo. En este sistema el enriquecimiento de unos implica la miseria de muchos otros. El espacio como suelo natural de estos acontecimientos y recurso finito deviene como instrumento de poder incidiendo no sólo en la desigualdad económica, sino también en la baja calidad de vida. El espacio es del poderoso, controla la vida y la forma de habitar de la población. Está basada en una relación económica en el que los pobladores son la mano de obra relegada alrededor de las grandes ciudades. El que tiene poder gobierna y administra la vida de la población, a través de la gestión de las condiciones de vida, tales como: hábitat, ciudad, higiene, seguridad, etc. (Cavalletti, 2010, pág.17).

México, ciudades hiperdegradadas, cinturones de miseria.

Las relaciones de poder suponen un someter a otro. No se piensa en el otro o si se hace es para en comparativa hacerlo nada, pues esta constitución de poder se hace justamente al menospreciar y ponerse a uno mismo como superior. A su vez los de abajo se mueven dentro de estas mismas dinámicas sociales, buscando ser como pequeños poderosos, puesto que “el ser en sociedad siempre se considera dominante o dominado, patrón o esclavo, incluido o excluido, poderoso o miserable” (Cavalletti, 2010, pág.41). Es así que cada miembro de la sociedad para reafirmarse lo ha de hacer a través de su espacio, produciéndolo sin pensar en el otro, dominándolo; desde el vecino que arduamente defiende lo que considera su espacio para estacionar poniendo cajas y cubetas, hasta el vendedor ambulante que aniquila el espacio público, haciendo de banquetas y vialidades suelo de su comercio.

Contrastes urbanos, favelas en Brasil.

Para mejorar la vida en el espacio es necesario un nuevo orden que tenga como principio pensar en el otro, en contraposición a las ideas de dominación según relaciones de poder, antes analizadas. La Urbe se entiende como el conjunto de relaciones en una población, el espacio y el viviente se complican haciendo un macro organismo: el hombre-ciudad (Cavalletti 2010, pág.18). El urbanismo, por su parte, pretende ser la ciencia de producción y distribución del espacio según las relaciones que mueven a la urbe, entendida esta como organismo. Dice Lefevbre “Es necesario invertir la tendencia dominante que va hacia la fragmentación, la separación y la desintegración, tendencia subordinada a un centro o a un poder centralizado y formalizada por el saber que actúa en nombre del poder” (Lefevbre,  1974, pág.70). Es decir, urbanizar para agrupar la ciudad, no con miras a desvirtuar y corromper las facultades físicas, morales e intelectuales del hombre social, sino para generar el bienestar individual y en suma la felicidad pública (Cerdá, 1867, pág.30) en tanto organismo.

Se han hecho experimentos en urbes hiperdegradas de Latinoamérica, como en las favelas brasileñas, en ciudades de Chile, así como también actividades muralísticas en ciudades mexicanas, que han logrado modificar la experiencia de la ciudad con el uso del color y la recuperación del espacio público, tratando de re-integrar sociedades fragmentadas.

Piloto de urbanismo táctico en Rionegro, Colombia.

Se ha mostrado que el color, por ejemplo, permite generar identidad y a la vez dar sentido y participación a la forma de vida de la población. “El color puede contribuir notablemente a armar espacios integrales, realzando la arquitectura, la historia, la organización social, la estética y, en definitiva, a conformar mejores ciudades.” (Cordero, Rodríguez, 2011, pág.80). Con esta clase de intervenciones se re-teje una ciudad, se hace urbe. El espacio producido afecta la relación de sus partes, constituye un sistema, el espacio es saber y acción, (Lefebvre, 1974, pág.72), afecta, se lee, se vive. El espacio nos permite reconocernos o perdernos, es un espacio para disfrutar o modificar (Lefebvre, 1974, pág.94).

Así como el color, también la mejor distribución de las vialidades (mostrándose en estas el automóvil como el poderoso que distribuye el espacio según sus necesidades), la integración de espacios verdes, etc., contribuyen a hacer mejores ciudades y urbes. En América Latina el espacio ha sido impuesto degradado, fragmentado, de miseria, en una lucha de poder y hacer nada al otro, así como la urbe se construye de relaciones, hacer del otro la base de nuestras edificaciones en definitiva mejora nuestra experiencia de urbe.

Referencias

  • Lefebvre, H. (1974). La producción del espacio, Madrid; Capitan Swing Libros.
  • Cavalletti, A. (2010). Mitología de la ciudad, Buenos Aires; Adriana Hidalgo.
  • Davis, M. (2006). Planeta de ciudades miseria, Madrid; Akal.
  • Cordero, E., Rodríguez, L. (2011) El color en la ciudad, Arquitecturas del Sur, No. 40.

Categorías

Arte, Cultura

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