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Mujeres excepcionales Vol IV. Elena Arizmendi Mejía

Por Jorge Isaac García Nava

Con este artículo terminamos este pequeño viaje de cuatro biografía sobre mujeres cambiaron el mundo y solo quiero dejar en claro que esta fue una forma personal de celebrar su memoria y su vida pero también de añadir elementos que expliquen porque el movimiento feminista existe y porque es tan importante, aunque no veríamos de necesitar elementos para justificar el movimiento, de hecho, no debería existir porque por siempre sentido común la sociedad debería ser equitativa.

Para esta biografía vamos a hablar de una de las mujeres de México que casi siempre pasa desapercibida, vive a las sombras de mujeres más famosas y yo creo que hablar de ellas se ha vuelto incluso algo cansado: Sor Juana Inés de la Cruz, una lectora y poetisa rebelde o Josefa Ortiz y sus famosos taconazos (si es que ocurrieron) e incluso el papel de Sara Madero que a veces es olvidado en el relato de la Revolución. Pero ¿quién habla de Elena Arizmendi Mejía? Bueno, vamos a hacerlo aquí porque se ganó su lugar en estas cuatro cortas biografías.

Tendemos a conocer a Elena por su relación sentimental con José Vasconcelos y a encasillarla en ese papel de amante trágica, de damisela en peligro como si fuera un personaje de novela del siglo XIX aunque, gracias a una biografía completa escrita por Gabriela Cano titulada Se llamaba Elena Arizmendi que es, hasta donde estoy enterado, la única biografía del personaje y ha transformado la visión sobre el personaje y recuperó su papel en la primera mitad del siglo XX: creadora de la Cruz Blanca Neutral, maderista de convicción, fundadora de la “La Liga de Mujeres Ibéricas e Hispanoamericanas”, de la revista “Feminismo Internacional” y, por si no fuera poco, novelista.

Elena Arizmendi, 1905

Elena Irene Arizmendi Mejía vio la luz por primera vez el 18 de enero de 1884 en la Ciudad de México en el seno de una familia acaudalada, sus padre eran Jesús Arizmendi Vélez e Isabel Mejía Rodríguez y conformaban una típica familia aristocrática de México ya que su abuelo materno, Ignacio Luis Antonio Mejía Fernández de Arteaga, fue Secretario de Guerra y Marina de México entre 1865 a 1876 bajo el gobierno de Benito Juárez y, aunque estuvo enfrentado a Porfirio Díaz, acepto la amnistía de este y se puedo retirar a una finca en Puebla y a veces viajaba a su natal Oaxaca donde también tenía propiedades. Serán en estas últimas donde Elena viviría su infancia y donde aprendería de otra mujer, su tía abuela (aunque no he podido ubicar el nombre), a leer y escribir.

Entre sus 7 u 8 años años regresa con sus padres a la Ciudad de México donde cursa la primara en el Colegio de las Vizcaínas, que tiene el distintivo de ser la primera escuela laica para mujeres de América, pero cuando Elena cursos sus estudios llevaba otro nombre: Colegio La Paz. Aquí cursa cuatro años de educación básica y dos de educación superior. Y eso es todo, recordemos que era un tiempo cuando la educación femenina no era necesariamente un requisito o incluso algo deseado. Gracias a la posición de la familia ella tiene acceso a materiales de lectura y eso le permite expandir su horizonte pero un evento ocurre que cambiara la vida de Elena para siempre.

Cuando tiene solo 14 años de edad, en 1898, muere su madre y ella queda nominalmente a cargo de los hermanos y aunque no tenía que trabajar para mantenerlos, si se encargaba de coordinar a sus trabajadores domésticos para asegurarse que sus hermanos y su padre tengan todo. Estos años le darían un carácter duro y una facilidad para dar órdenes que es retratada de forma exagerada en el personaje de Adriana en las obras de José Vasconcelos El Ulises criollo y La tormenta.

Solo dos años después de la muerte de su madre, el padre (con el que tuvo una relación difícil toda su vida) se casa de nuevo con Rita Marquina, una mujer joven y  que parece la hermana mayor de Elena y no su madrastra. Podría pensarse que esto la hizo encariñarse con ella, pero fue lo contrario; ella se rebela ante esto y en su periodo de rebeldía conoce a Francisco Carreto, un militar que presentaba una salida “honrosa” de la casa paterna y así es como en Chilpancingo, Guerrero cuando Elena tiene solo dieciséis años de edad, contrae matrimonio por primera vez con este nefasto personaje.

Elena posando en una foto que le traerá muchos problemas, 1911.

Muy parecido a la situación de Hedy Lamarr, una vez que la luna de miel terminó, la mascará del príncipe encantador se fracturo para mostrar el verdadero rostro del horrible humano que acababa de desposar. Carreto era un hombre agresivo, rígido y golpeador. Ella aguantó lo más que pudo (recordemos la época y ella era una mujer de la época pero por favor, si quien lee esto es una mujer o conoces a una en esta situación, es momento de detener al agresor, no es normal y no debe de ser así, por favor busca ayuda porque la gente así jamás se detiene) pero después de un embarazo malogrado que, no queda claro si fue causa de la violencia vivida o una situación médica distinta, pero esto le da la fuerza necesaria para hacer algo que pocas mujeres de sui tiempo hicieron: busca el divorcio del marido y sale del hogar matrimonial. Por un tiempo regresa a casa de su padre a la Ciudad de México y posiblemente pasa algún tiempo en Oaxaca. Tuvo la buena suerte de ser parte de una familia acaudalada que la pudo proteger, sin embargo, a pesar de la protección familiar ella decide tomar un camino que pocas mujeres tomaban en esa época: estudiar.

Profesora o Enfermera eran las profesiones más comunes (y de las pocas donde una mujer no era más vista) y para no estirar la cuerda más de lo que ya estaba con su divorcio, Elena decidió estudiar enfermería en el internado de la Escuela de Formación de Enfermeras, que era parte del Hospital de Santa Rosa, administrado por Las Hermanas de la Caridad del Verbo Encantado, esta institución se encontraba en San Antonio, Texas, y donde aprende inglés que habla como una segunda lengua según Vasconcelos y a pesar de que aprende bien, estar en esta ciudad la coloca en el centro de los eventos que están por ocurrir en México ya que en 1910 llega a la misma ciudad un personaje mayor de la historia del país: Francisco I. Madero y de hecho será en esta ciudad donde se publicará el famoso Plan de San Luis pero será también en San Antonio donde conoce a Madero y a su esposa, con quienes formará amistad hasta el fin de sus días, a veces para bien y a veces para mal.

Elena Arizmendi, Francisco I. Madero y Sara Pérez de Madero, 1911.

A mediados de 1911 y con la Revolución Mexicana en pleno desarrollo regresa al país al enterarse de las precarias condiciones médicas de los combatientes en el estado de Chihuahua, además se enteró de la negativa de la Cruz Roja Mexicana a intervenir. Viaja a la Ciudad de México y gracias a las conexiones familiares y a una habilidad política impresionante, consigue los permisos para formar la Cruz Blanca Neutral aunque la formación es curiosa: durante una huelga de alumnos de la Escuela de Medicina, ella toma el estrado y da un discurso tan bueno que la nombran presidenta honoraria de la asociación e inmediatamente algunos médicos se dirigen a los campos de batalla del norte. Le ayuda mucho que con la toma de poder de Francisco I. Madero, se aprobó la asociación a nivel estatal pero curiosamente este momento de triunfo fue también de caída ya que se hizo pública su relación con los Madero y esto le causo problemas con su propia organización. Con el triunfo de la Revolución maderista, las hostilidades parecían hacerse menos frecuentes y Elena, que contaba con cierto apoyo del presidente, se dedicó a realizar labores de beneficencia, creando programas de empleo para hombres y educación financiera o administración para amas de casa. Sin embargo, los líderes de la Cruz Blanca Neutral le acusan de robar fondos y, claramente, algunos de los hombres (con un tal Doctor Márquez a la cabeza) la quieren remover por ser mujer. Gabriela Cano dice que “El conflicto […] también era una muestra de la ansiedad que causaba el que la autoridad y la voz pública estuviera en manos de una mujer. El predominio masculino en la profesión médica no aceptaba la mínima fisura, no siquiera en la condiciones de emergencia que imponía la guerra.” (Cano, 2003) Y yo coincido con este examen.

En medio de este conflicto y por consejo de los Madero Elena visita a un abogado que comienza a ser conocido en los círculos políticos: José Vasconcelos. Al final sus servicios como abogado fueron innecesarios ya que no hubo una acusación formal en su contra pero un vínculo personal se forja entre ambos y serán amantes por los próximos años. Su relación con Vasconcelos la llevará a viajar por el mundo en sus diversos exilios y misiones pero también el retrato de Adriana en las obras de Vasconcelos nos hablan de una mujer con la que vive la “ley del goce”: “lecturas compartidas, sensibilidad artística y la conversación parecen ser tan importantes como el erotismo y la comunidad espiritual de la pareja […] Adriana y Ulises encarnan la utopía amorosa” (Cano, 2003). Gracias al mismo Vasconcelos sabemos que en esta etapa conoce a la autora sueca Ellen Key, una portavoz del feminismo promoviendo la autonomía económica de las mujeres, el derecho al voto y tal vez más escandalosamente: el derecho a gozar la sexualidad. Durante cuatro años tiene su amorío pero en 1915, en medio de escándalo ya que él era casado, Elena viaja rompe el amorío y se va a vivir a Estados Unidos. Vasconcelos intentará regresar con ella en Nueva York años después pero será rechazado.

Estando en Nueva York, contrae nupcias por segunda vez con Robert Druesch, en parte para callar los rumores de su amorío con Vasconcelos y pasa por su faceta de novelista ya que escribe Vida Incompleta, ligeros apuntes sobre mujeres en la vida real, una novela autobiográfica y reflexiva ya que Nueva York representó para ella una apertura al liberalismo del siglo XX. Su matrimonio será un fiasco y se separan pronto pero esto le permite enfocarse en uno de sus mayores proyectos: La Liga de Mujeres Ibéricas e Hispanoamericanas, conocida también como Liga de Mujeres de La Raza que surgió en 1922 en el Congreso de Baltimore donde ella puede observar de primera mano los intentos de las organizaciones masculinas (y algunas femeninas también) de imponerse sobre las organizaciones de mujeres hispanohablantes pero al final ella aprendió del proceso activista de 1919 por el cual las mujeres en los Estados Unidos obtuvieron acceso al voto, eso quería para su país e incluso llegó a escribir a Lázaro Cárdenas con respecto a esto.

Bandera y banderín de ambulancia de la Cruz Blanca.

Elena aprendió del pasado y se aseguró que su imagen en la Liga no pudiera ser atacada, siendo ella la principal contribuidora de recursos, además se deslindó de toda entidad política; curiosamente a pesar de haber nacido en EU, tiene un corte claramente anti racista, un problema que  permeaba (y aún lo hace) a la sociedad yanqui. El proyecto feminista de la Liga era distinto, no era solamente reivindicar la participación política sino formar a las mujeres como “sujetos autónomos, con independencia de criterio y acceso al mundo intelectual” (Cano, 2003).

Gracias a declaraciones hechas por el presidente Lázaro Cárdenas en favor de reforma legal para defender a la mujer, ella lo nombra miembro honorario de la Liga y por esto además de una mejora en sus relaciones con la Cruz Blanca (con la que sigue en contacto) regresa a México en 1938, con la esperanza de conseguir el voto femenino pero será defraudada por el gobierno, una vez más, ya que la discusión se posterga durante el sexenio de Cárdenas y será hasta 1955 (aunque la ley fue aprobada en 1953 bajo Adolfo Ruiz Cortines) cuando las mujeres obtengan derecho constitucional al voto. Elena aún vivió para ver esto ya que muere a fines de 1959. El gobierno no hizo ninguna ceremonia y será hasta 1985 cuando la Cruz Blanca logre que se haga un homenaje en su honor y esa así como la Segunda Cerrada de Amores en la Colonia Del Valle, Alcaldía Benito Juárez pasa a tomar el nombre de Elena Arizmendi, en honor de una mujer que hizo lo que parecía imposible: impuso su voluntad mientras defendía los derechos de las mujeres en un mundo y un tiempo lleno de hombres.

Y, por cierto, la Cruz Blanca Neutral aún existe y se dedica a tratar a infantes menores de 14 años con problemas de desnutrición, aunque su sitio web no funciona y su Facebook lleva un año sin actualizarse, sería una pena que esta pandemia acabe la obra de Elena, una obra no recordada como se debe, pero importante como pocas en nuestro país.

Nota aclaratoria: Casi todas las fuentes la llaman solamente Elena Arizmendi Mejía, sin embargo, un árbol genealógico sobre ella (y bastante completo habría que decirse) en Geneanet agrega el nombre Irene, por lo que decidí conservarlo, pero es importante señalar que es la única fuente donde aparece este nombre.

Referencias

  • Cano, G. (2003). Se llamaba Elena Arizmendi. Universidad de México, 17-29.
  • Collado Soto, J. (2012). Se llamaba Elena Arizmendi. Historia De La Enfermería – Desarrollo Científico Enfermero, 20(3), 102-106. Consultado el 3 de Abril de 2021 desde http://www.index-f.com/dce/20pdf/20-102.pdf
  • Fuentes, P. (2013). Una biografía histórica: más allá del estigma de la amante. Debate Feminista, 48, 305-310, https://doi.org/10.1016/s0188-9478(16)30117-7
  • Family tree of Elena Irene Arizmendi Mejía. Geneanet. (2021). Consultado el 20 de abril de 2021, desde:

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historia

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