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Entrevista al maestro Juan Carlos Esparza, sobre el conflicto palestino-israelí

¿Es posible afirmar que el actual conflicto palestino-israelí procede desde los tiempos bíblicos?

Aunque es un lugar común interpretar lo que ha estado sucediendo en las regiones de la Franja de Gaza y el Estado de Israel con base en los pueblos históricos que les precedieron, asegurar que los textos bíblicos tienen la respuesta de ello resulta erróneo. Ambos pueblos recurren a ello en sus respectivas reivindicaciones territoriales, sin embargo, lo que se padece ahora es en mucho mayor medida producto de los acomodos geopolíticos del siglo XX que de las culturas de hace 3000 años.

En ese sentido, ¿cuáles son los argumentos histórico religiosos que cada pueblo sostiene en su lucha por esa tierra?

En primer lugar, debemos considerar que tanto palestinos como israelíes proceden en su origen mítico de un ancestro común, por así decirlo, que es Abraham, padre de las religiones monoteístas. De acuerdo al libro del Génesis, este personaje, originario de la Ur de los caldeos, abandonó la región de Mesopotamia bajo el mandato de Dios para asentarse en la Tierra Prometida. En esta migración, el relato bíblico dice que, al no haber tenido descendencia con su esposa Sara, ésta, de acuerdo a la tradición, le ofreció a la esclava Agar para engendrar un heredero con ella, sin embargo, cuando Sara pudo concebir por intervención divina, tanto la esclava como su hijo, llamado Ismael, fueron expulsados. El hijo de Sara fue llamado Isaac, del que procede la estirpe de Abraham, que es el pueblo hebreo o judío.

¡Qué injusto para la esclava! ¿qué pasó con ellos?

Así es. Hay que recordar que la cultura de aquellos pueblos es esencialmente patriarcal en el sentido originario de la palabra, es decir, que son guiados por el personaje masculino más viejo, sabio o fuerte, por lo que el papel de las mujeres pasaba a ser secundario, cuando no meramente instrumental, sin embargo, de acuerdo con el mismo relato del Génesis, fue Dios quien dijo a Abraham que no tuviese reparo en apartar a la esclava y su hijo, pues tenía un destino reservado para ellos y así como de Isaac derivaría el “pueblo elegido”, de Ismael surgiría una “gran nación”, que fue el pueblo árabe. De esta manera, si queremos verlo así, hebreos y árabes son medios hermanos, y los primeros cristianos, aparecidos unos 1700 años después de esta historia, surgieron de aquellos, por eso estas tres grandes religiones monoteístas, son también llamadas abrahámicas.

Tenemos ya, desde el punto de vista bíblico la diferenciación de dos pueblos que son los antepasados remotos de los actuales palestinos e israelíes, pero además en las Escrituras se menciona a otro, los Filisteos, ¿de dónde salen estos?

Para responder a esto debemos acudir a la explicación histórica más que a la interpretación religiosa. Los filisteos son uno de los llamados “Pueblos del mar”, de origen incierto, quizá de la isla de Creta, que se asentaron en la edad de Bronce, cerca de veinte siglos antes de Cristo, en lo que hoy llamamos la Franja de Gaza y poco más al norte, hasta la actual ciudad de Tel-Aviv. Aquí es que los caminos de la historia y la creencia se entrelazan, pues se les menciona como antagonistas de los hebreos siempre en términos negativos. Fue un pueblo guerrero, pues dominaron la fabricación de armas de hierro. Tanto egipcios como hebreos señalaron su alta estatura, lo que se ve de manera más conocida en el relato del gigante Goliat, vencido por David que, sin duda, forma parte del mito fundacional del así llamado pueblo elegido para ganarse el derecho de asentarse en aquellas tierras. El nombre de filisteos es la forma grecolatina anotada tanto por Filón de Alejandría como por Flavio Josefo, historiadores de la antigüedad, para “peleset”, un vocablo relacionado con el significado de “invasor”, por lo que es altamente probable que ellos se hallan denominado de otra forma que desconocemos. El nombre de Palestina para aquellas tierras fue dado por los romanos hacia el siglo II d.C. cuando el emperador Adriano cambió el nombre de las provincias de Judea al sur y Samaria al norte por Palestina y Siria, respectivamente.

Es muy interesante el cambio de nombre porque aquella “tierra prometida” del pueblo judío quedó renombrada por casi dos mil años con el nombre de su pueblo enemigo tradicional, los filisteos, además es de esta época de dominación romana que ocurre además la pérdida física del territorio y la dispersión por todo el Imperio, ¿qué llevó a todo eso?

Efectivamente, el pueblo judío, ya llamado así por haberse establecido en la región que llegó a ser el reino de Judea, forjó su identidad a partir de la construcción de un discurso basado en experiencia de confrontación y vasallaje, traducido en sus términos como cautiverio, por parte de los babilonios y los egipcios, de quienes, además, tomaron mucho de sus creencias para la articulación de la propia. Igualmente, al haberse establecido en la región de su “tierra prometida”, el discurso del cautiverio cambió por el de resistencia contra los filisteos, los macedonios y, finalmente, los romanos. En este sentido, los romanos también replicaron para la afirmación de su supremacía, prácticas de dominación anteriores. Recordemos que, en la época republicana de Roma, tras su confrontación y victoria sobre Cartago, el reino más poderoso del Mediterráneo en el actual Túnez, destruyeron la ciudad hasta sus cimientos, salaron la tierra para hacerla infértil y vendieron a sus pobladores como esclavos. Algo muy similar sucedió con las guerras de resistencia judías entre los siglos I y II d.C., primero con la destrucción del Templo de Jerusalén por orden del emperador Tito (el primero había sido destruido por los macedonios) y después con la Diáspora ordenada por Adriano, esto porque el pueblo judío fue el más conflictivo para el Imperio a causa de su negativa para asimilarse, entre otras cosas, por una concepción que podríamos llamar nacionalista de su geografía y su religión monoteísta, contrapuesta totalmente con el politeísmo romano y la divinización de los emperadores.

¿Qué fue de los judíos tras la Diáspora?

Como mencionaba, muchos fueron esclavizados y vendidos por todas partes del Imperio Romano, lo que explica que, de haber sido un pueblo con una asimilación religiosa de su identidad en una geografía muy determinada y por demás pequeña, hayan tenido presencia desde entonces en todo el mundo occidental. Con la expansión del cristianismo desde su elevación a religión oficial del Imperio en 380 con el Edicto de Tesalónica por Teodosio y hasta la formación de los reinos cristianos de la Edad Media con la adopción de este credo por los reinos bárbaros, los judíos quedaron dentro de esos nuevos estados, aunque no integrados a su sociedad, tanto por la exclusión que éstos hacían, como por el aislamiento en sus propios guetos o juderías con el fin de preservar intacta su cultura.

Este aislamiento impactó negativamente en su imagen en el mundo cristiano, ¿no es así?

Claro. Este es uno de los más relevantes casos de rechazo a la diferencia, primeramente, de costumbres y de creencias, así que además de los señalamientos como el pueblo que asesinó a Cristo, vinieron también leyendas como la del judío errante, un relato completamente imaginario que justifica su eterno peregrinar sin reposo. Esta historia que habla de un judío que le negó el agua a Jesús en su camino a la crucifixión incluso hasta la actualidad se incluye en las representaciones del Via Crucis en Iztapalapa, pero sólo contribuyen a reforzar estereotipos negativos de una comunidad que fueron explotados desde hace tantos siglos. También se les acusaba en la Edad Media de envenenar los pozos y de secuestrar a los niños para hacer sacrificios humanos.

Por último, ¿qué fue de los palestinos en todos esos siglos?

Ellos permanecieron en aquella región que, tras la división del Imperio y la caída de Roma, quedó como parte del Imperio Romano de Oriente por un tiempo hasta que cayó en poder de los imperios parto y sasánida y en el siglo VIII, de los árabes. Durante las Cruzadas aquel territorio fue disputado por los reinos cristianos bajo el argumento de que no era tolerable que los santos lugares del cristianismo estuviesen bajo dominio musulmán, así que, tras varias expediciones de los europeos, principalmente franceses y alemanes, se lograron fundar en la región condados, principados y reinos como Cilicia, Edesa, Antioquía, Trípoli y Jerusalén, sin embargo, éstos se fueron perdiendo poco a poco en muy breve tiempo a manos del sultán Saladino en el siglo XII, al final de la Tercera Cruzada. Desde entonces es una población completamente arabizada que continuó viviendo prácticamente de manera tribal bajo el Imperio Otomano hasta principios del siglo XX, cuando los judíos europeos comenzaron a comprar tierras para hacer realdad el proyecto sionista de Theodor Herzl de recuperar el territorio bíblico y volver a la “tierra prometida”. Eso se acentuó bajo el mandato británico sobre Palestina tras la Primera Guerra Mundial y más aún con la partición del territorio decretada por la ONU en 1947. A partir de ese momento, los palestinos se convirtieron en minoría en la que era su tierra tanto desde lo ideológico, como desde lo material.

¿Alguna última reflexión?

Si bien el pueblo judío reclama aquel territorio bajo argumentos religiosos, misma razón asiste a los palestinos, ya que en Jerusalén o Al-Quds, como se llama la ciudad en árabe, se encuentran varios de los sitios más sagrados para el Islam, tales como la Mezquita de la Cúpula Dorada, donde se encuentra la roca en la que, según la tradición, Abraham iba a sacrificar a su hijo Isaac y que, siglos después sirvió a Mahoma para impulsarse hacia el cielo. Lamentablemente, la radicalización de los poderes políticos de la Franja de Gaza (Hamas) y del Estado de Israel (Partido Likud) han hecho imposible todo entendimiento desde hace quince años y por lo que se ve, en el futuro próximo. Los conflictos que se han desarrollado desde 1948 entre árabes de la región e israelíes, aunque no son continuidad precisamente de la rivalidad histórica entre filisteos y hebreos, sino de asuntos geopolíticos modernos tanto locales como de los intereses de las potencias de la Guerra Fría… pero como se dice en “La historia interminable”: “Esa es una historia que deberá contarse en otra ocasión”.

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historia

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