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La mujer y la labor en tiempos de pandemia

Por Alejandra Ávila Pérez

En estas épocas de pandemia y encierro se ha dejado de ver en todas las sociedades del mundo las estructuras más débiles de nuestra humanidad.  Escuelas, centros de trabajo y de recreación interrumpidos, así como el latente riesgo de caer enfermo; nos han hecho cambiar radicalmente nuestras vidas, de salir libremente y sin preocupaciones a una invitación, que cada vez parece más permanente, de mantenernos en nuestras casas. Si bien esta invitación es para quedarnos físicamente en casa, nuestras mentes siguen estando en otros lados, pues sí, abandonamos nuestros planteles, mas no pararon las clases, las tareas y trabajos. Ciertamente esta historia ha presentado un sin número de dificultades, una más es la relacionada con el estar en casa, la forma y las implicaciones de estar en ella, así como lo que representa la ésta para una parte de la sociedad.

La filósofa Hannah Arendt en su conferencia Labor, trabajo y acción discurre sobre las diferencias de estos tipos de producciones. Si bien, labor, trabajo y acción son usadas en nuestras vidas cotidianas como palabras sinónimas, en esencia guardan grandes diferencias. Desde la antigüedad se hizo distinción entre la vida contemplativa y la vida activa, dándole valor superior a la vida contemplativa (Arendt, 1957, p.1), pues el campo de acción del filósofo estaba en el pensamiento, en la creación de conceptos y resolución de problemas, sedesdeñó la vida activa y sus preocupaciones, siendo importante perseguir otros reinos, olvidando lo que aquí exige nuestra atención. Se mantuvo debajo de la contemplación cualquier otro tipo de labor, siendo las mujeres y los esclavos destinados a las tareas de todos los días que mantenían con vida a la polis.

La contemplación parece haber perdido valor en la era moderna de industrialización, en la que el centro del desarrollo humano es la producción y la multiplicación de bienes, y ya no tanto de saberes. La contemplación se puso al servicio de la producción, simplificando los medios para obtener mayores frutos. Este tipo de actividad implica un dominio de lo natural y un librarse de, pues el ser humano se encuentra en un ciclo de labor por su subsistencia. La producción en la era moderna se relaciona con el trabajo y la acción, estos no están encaminados a la subsistencia diaria sino a la producción material e intelectual, respectivamente, permiten producir más de lo que se necesita y con este excedente poder deslindarse de la labor, destinando a otros a realizarla o agilizando las labores. El trabajo y la acción se relacionan con una producción superior, de emancipación y desarrollo humano (Arendt, 1957, p.3). No así la labor que se ha relacionado con la esclavitud, en la que se ha sumergido a ciertas partes de nuestra sociedad: las mujeres, los esclavos, y clases bajas. Se dice labor de las experiencias corporales de fatiga e incomodidad, relacionándose con el parto (Arendt, 1957, p.3), es la actividad de los procesos del cuerpo y lo que necesita para mantenerse con vida, es circular y no posee un fin. Produce bienes de consumo que no perduran, en su repetición sume al organismo a mantenerse siempre ahí, en una fatiga que nunca acaba y que en tanto cíclica no permite descuido, pues por ser vital no puede posponerse.  

Estar en casa en estas épocas de pandemia, representa una dificultad de romper con el modo de estar en esta y su labor, para introducirse a otro modo de actividad de acción y trabajo intelectual, por ejemplo. En la acción hay realización del yo y manifestación de la propia imagen (Arendt, 1957, p.8). Es necesario, si se desea participar de la acción, el abandono del hogar y la labor, o aunque sea pausarlo, abriendo paso al desarrollo intelectual, profesional y personal; dado que en la labor no hay afirmación del yo, sino una pérdida de sí mismo al estar sumergido en el ritmo natural de la sobrevivencia.

Desde muchos años atrás la mujer vivió y vive aún relegada a la labor doméstica, en la cual no hay mérito puesto que vive para otros. Se le ha obligado a cargar más que consigo misma, perdiéndose ella en la monotonía de la subsistencia no sólo de sí, sino de otros. La sociedad la ha educado por muchos años para que pueda dedicarse día y noche a la labor, “Marx definió la labor como la «reproducción de la vida individual», y el engendrar, como la producción de una «vida ajena», como la producción de las especies” (Arendt, 1957, p.3), en este caso la mujer no sólo labora para reproducir su propia vida, sino que engendra: produce las vidas ajenas, en tanto se encarga de su subsistencia. ¿Puede la mujer en las mismas condiciones que el hombre hacer acción desde casa, teniendo como responsabilidad ver por la subsistencia de alguien más que ella misma?

La mujer –quizá por educación, quizá no– nunca ha rechazado la labor, la biología, ni lo domestico, antes bien ha estado siempre integrada con su biología, como todo ser humano: sometida a la subsistencia. El hombre, por su parte, ha osado romper con su trama biológica para dedicarse a la realización de actividades autoafirmantes, mientras sus esposas, madres o hijas se encargaban de su subsistencia. Por otro lado, las mujeres han tenido que librar antes la batalla no sólo contra su labor, sino también contra la responsabilidad de hacer la de otros.

Hoy esta carga de labor doméstica sigue siendo desigual, pues una automáticamente la hace, mientras el otro si puede se escapa. Me pregunto si los varones mientras trabajan o estudian desde casa, piensan en lo que se va a comer y guisar hoy y lo que se debe comprar en el mercado. Es diferente estar en casa pues mientras para una representa la interminable labor doméstica, el otro está encaminado a la acción y la autoafirmación, en tanto que no le es familiar la labor, ni la suya ni la de otros. No debe romperse con esta obligación dada por la misma naturaleza, pues en tanto somos biología debemos encargarnos de nuestra subsistencia. Es imposible e impertinente osar a aspirar a dominar esta naturaleza, mientras todos los días está la labor recordando nuestra condición, a menos que se mantenga a alguien atado realizando los labores de uno mismo, manteniéndolo perdido en este ciclo, si posibilidades de autoafirmación.

Mientras producir y conquistar sean prioridad, siempre habrá alguien siendo esclavizado en la labor. La mujer no se escabulle de la naturaleza, se sabe biológica y no desdeña la ciclicidad de la labor en tanto que no puede librarse, pero y ¿el otro, cuando se hará cargo de su propia subsistencia? ¿Cuándo se dejará de mermar a unos por la autoafirmación de otros?

Referencias

  • Arendt, H. (1957). Labor, trabajo y acción. Conferencia.

Categorías

Cultura, historia

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