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El espacio y el poder

Por Alejandra Ávila Pérez

El ser humano dispone del espacio en tanto en este se mueve y desenvuelve. Durante la conquista de América, el mundo occidental se encontró con la posibilidad de erigir ciudades que, a diferencia de la ciudad orgánica (Rama, 1998,p.18), de la cual provenían, se planificarían bajó un principio racional. Según el texto La ciudad letrada de Ángel Rama, fue durante la conquista de América Latina que Europa, bajo su ideal de civilización, desarrollo y progreso, ante la necesidad de habitar el Nuevo Continente impuso un orden por el cual debería dirigirse la nueva urbe, desde los planos de la ciudad y sus calles, hasta la distribución de la sociedad. Los conquistadores en su búsqueda de legitimar su conquista, ordenaron las ciudades de forma que se mantuvieran como soberano, teniendo en el centro de cada ciudad el poder político y moral; y en la periferia la sociedad de acuerdo a su nivel social.

Podemos preguntar si hoy la ciudad sigue ordenándose según la regla del poderoso, y si es así si ¿es posible constituir un nuevo orden, político, social y urbano en las ciudades modernas no basándose en la búsqueda de poder, sino considerando todos los sectores sociales?

En La ciudad letrada el autor nos expone la creación, como naturalmente sucede, de la ciudad en el Nuevo Continente durante la época colonial. Fue allá, en el siglo XVI, que el hombre europeo aventurándose a la exploración y expansión a nuevos territorios, cruzó el océano y “descubrió” un nuevo continente. No faltó mucho tiempo para que barcadas provenientes de diferentes países surcaran mar adentro para encontrar una tierra prometida, con suerte, plétora de muchas riquezas. Así fue como España, La Corona, llegó a playas mexicanas y pronto descubriría que la tierra que estaban pisando, rebosaba de recursos. De este lado, en pleno apogeo, se encontraba el imperio mexica, los mayas, y un sin fin de grupos culturales. Sabia el conquistador la grandeza que le traería convertirse en amo y señor del territorio.

Traía el hombre occidental consigo una civilización ajena, valores y principios completamente diferentes, fue para él América su mina de riquezas y también configuró en la conciencia occidental el telos de su cultura; desarrollo, civilización y progreso. Europa al encontrarse con América se convirtió en potencia civilizadora (Rama, 1998,p. 18) y se volvieron todos sus valores universales. La idea de hombre era según el occidental, civilización la cursada por el hombre europeo y el orden según la razón, europea, claro. Encontró en el Nuevo Continente, población que civilizar, infieles a los cuales evangelizar, tierra por explotar, espacio que habitar y ciudades que formar.

Dichas ciudades debían ser configuradas según el principio racional característico de la civilización occidental, la ciudad debía ser ordenada, planeada y trazada, todo esto dirigido por la voz de la razón civilizadora. Esta ciudad era jerárquica y geométrica, (Baez Gil, [s.a.], p.5) regida por principio matemático, calles trazadas en cuadrícula según el plano hipodámico.

Ciudad trazada según el plano hipodámico

La ciudad novohispana se construyó sobre las ruinas de la civilización y ciudad precolombina. Era necesario destruir y ocultar para a modo de tabula rasa imponer un nuevo orden desde cero. Tenemos como ejemplos la ciudad de México colonial que fue edificada literalmente sobre las piedras de los antiguos templos de Tenochtitlan, así como rellenado el lago, sobre el cual ésta estaba asentada, para continuar con el perfecto trazado de la ciudad; otro ejemplo es Cholula en el estado de Puebla que tiene como emblema la iglesia sobre la pirámide, que hoy en su mayoría está oculta por vegetación. Andrea Cavalletti en La mitología de la ciudad, propone que se puede conocer la historia del espacio por medio de la historia del poder, en tanto que espacio y poder se correlacionan. El poder se afirma y el espacio se modifica cuando se hace menos al otro, cuando se toma su tierra, cuando se destruye su civilización, sus templos y se construye encima. La historia del espacio en América es la historia de la imposición violenta de una cultura sobre otra.

Pero, ¿qué hay de la ciudad de hoy? ¿Cómo se ha configurado la ciudad moderna? Hemos tomado la ciudad colonial como ejemplo de edificación de poder, así también la ciudad barroca con grandes monumentos, avenidas y calles adornadas. El espacio urbano está siempre configurándose por las luchas entre las relaciones sociales de poder (Brenner en 2010, p.16). Hoy podemos encontrar en la mayoría de las ciudades de Latinoamérica, una distribución centralista económica, en la que la capital como poder económico tiene toda la modernidad, grandes centros de trabajo, centros de comercio, recreación, así como también la sede del poder gubernamental. Pero en las periferias de éstas se aglomera la mano de obra viviendo en la miseria.

En la ciudad contemporánea la modernización y la inversión de capital, son los principios por los cuales se trabaja el espacio. Construyéndose grandes ciudades comerciales que fungen como centros económico, con grandes rascacielos y aún más grandes avenidas; haciendo de paisajes rurales urbes. Para ir a la ciudad de progreso, hay que hacerlo en automóvil pues estas calles fueron diseñadas, planeadas y pensadas solo para el automóvil; avenidas no de dos o tres carriles, sino de seis, siete. Son de alta velocidad pues hay semáforos cada dos o tres kilómetros y éstos para permitir la incorporación de más autos, no se supone un peatón que valla a cruzar la calle, porque en la ciudad de progreso todos tienen automóvil; ya advertía Tovar que “El progreso consiste en la tarea de facilitar a cualquier costa el tránsito de vehículos” (Tovar en 2010, p. 19), pues el vehículo, en este caso el automóvil es símbolo de progreso, modernidad y poder adquisitivo.

¿De quién es, entonces, el espacio público? ¿Cómo es que se distribuye el espacio en la vía pública?La distribución del espacio hoy está determinada por la condición económica, si tienes suficientes ingresos puedes permitirte vivir en el centro, sino uno no puede salir de la periferia. En la vía pública el espacio está destinado para quien su economía le permite moverse en automóvil. El recurso para movilidad se destina en un gran porcentaje a carreteras, semáforos, bacheo de calles y poco o casi nada para banquetas, cruces peatonales o ciclovías.

          El espacio en tanto que se disputa debe ser reclamado y recuperado. El espacio debe dejar de presentarse como instrumento de autoafirmación, y empezar a ser proyectado según los otros sectores sociales, las minorías y en ocasiones también las mayorías negadas.

Referencias

  • Baez Gil, E. Y. (s.a.) La forma urbana de la ciudad de Puebla: Lo barroco y lo moderno. Una aproximación desde el Ethos barroco.
  • Cavalletti, A. (2010). Mitología de la seguridad, la ciudad biopolítica, Buenos Aires, Adriana Hidalgo.
  • Rama, A. (1998). La ciudad letrada, Montevideo, Arca.

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