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Las mujeres en la Segunda Guerra Mundial:Entre la memoria y el olvido

Por Tania Ruiz Segal

Cuando estalló la Segunda Guerra Mundial las mujeres se vieron involucradas por la urgencia de movilización ciudadana; participaron en la construcción de aeronaves, buques, vehículos y armamento; trabajaron en fábricas, plantas de municiones y en granjas; y fungieron como combatientes en la guerra, es decir, entraron en las áreas de trabajo que previamente habían sido consideradas exclusivamente como masculinas.

En países como Francia, Italia, Polonia y Gran Bretaña se destaca la participación de las mujeres en las unidades auxiliares de la marina, de la fuerza aérea y del ejército, ayudando a operar los sistemas antiaéreos para evitar bombardeos. No obstante, algunas potencias como Estados Unidos, optaron por no mandar a las mujeres a combate activo apelando a la opinión pública.

Las mujeres estaban en la primera línea como mensajeras, exploradoras, agentes secretos, operadoras de radio clandestinas, transportistas y médicas. Muchas fueron reconocidas comandantes líderes de levantamientos, galardonadas con altas condecoraciones, llegando a ser reconocidas por el ejército alemán como miembros de pleno derecho de las fuerzas armadas.

La Unión Soviética movilizó a las mujeres dentro de las principales unidades del ejército desde las primeras etapas de la guerra. Casi un millón de mujeres formaron parte del Ejército Rojo en distintos cargos, ya fuera siendo parte de la unidad sanitaria o cargando la artillería más pesada, La mayoría estaba en la primera línea. Disparaban armas de fuego, eran pilotos aviadoras, tanquistas y francotiradores. Sólo 30,000 fueron reconocidas y son aún recordadas. Se calcula que sólo sobrevivió una cuarta parte de las mujeres graduadas de la escuela militar.

Debido a que ser una mujer y participar en la guerra era (¿o es?) visto de mal manera, sus testimonios y vidas fueron reprimidos durante largos años, su participación en la guerra fue prácticamente desvalorada, aquellas que recibieron condecoraciones  se vieron obligadas a no poder portarlas nunca, ya que las mujeres que participaron no eran dignas de una vida feliz. Las historias de algunas de las mujeres que participaron como parte del ejército rojo, por ejemplo, la de María Vasílyevna Oktiábrskaya, quien en octubre de 1943 se convirtió en la primera mujer conductora de tanques del país son contadas en videos y libros, a continuación presentaré un recuento de algunos testimonios:

Lidia Litvyak nació el 18 de agosto de 1921 en Moscú. A los 14 años se inscribió en un popular aeroclub soviético y a los 15 pilotó su primer viaje. Posteriormente, cuando se rompió el acuerdo de no agresión entre Alemania y la Unión Soviética Lidia tenía sólo 18 años de edad. Al igual que muchos jóvenes de alrededor del mundo, prontamente buscó la forma de unirse como voluntaria a la unidad de aviación militar y tras ser rechazada por falta de experiencia exageró al decir que tenía 100 horas de vuelo acumuladas, lo cual hizo que fuera aceptada en una unidad conformada únicamente por mujeres.

Ahí tuvo su entrenamiento militar y un año después, en verano de 1942, voló sus primeras misiones. En septiembre del mismo año fue transferida a un régimen mixto que luchaba en la batalla de Stalingrado y el día 13, junto con el comandante del regimiento, derribó dos aviones enemigos y venció a un condecorado piloto alemán, quien se sorprendió al saber quién lo había derribado.

El nombre de Lidia comenzó a traspasar fronteras, en su avión tenía pintado un lirio blanco, pero a la distancia parecía una rosa y de ahí nació su renombrado apodo: “La Rosa Blanca de Stalingrado”. Para 1943 ya había derribado seis aviones enemigos y tiempo después fue condecorada y ascendió a subteniente.

En marzo de 1943 fue herida y tuvo que aterrizar de emergencia, su avión quedó gravemente dañado pero Lidia se recuperó prontamente. Posteriormente fue nombrada solitario, la máxima categoría entre combatientes aéreos y trás llevar a cabo una misión sumamente difícil, que consistía en derribar un globo aerostático de observación alemán para asignar blancos precisos para la artillería desde grandes distancias, fue nombrada comandante del regimiento.

Durante varios meses más derribó muchos más aviones enemigos. Sin embargo, 17 días antes de su cumpleaños 22, tras recibir un bombardeo sorpresa sus compañeros vieron su cuerpo caer del cielo, pero no lo localizaron. Esto resultó en que las autoridades soviéticas sospecharan que había caído prisionera y por ende sería una posible traidora, por lo que no la reconocieron como heroína de la unión soviética.

Tanto familiares y personas cercanas a Lidia, como el público y los medios de comunicación soviéticos pasaron más de 30 años buscando los restos de Lidia, cuando en 1979 encontraron un cuerpo con características similares a las de ella. Fue hasta el 6 de marzo de 1990 que el presidente de la URSS condecoró a la teniente Lidia con la Estrella de Oro de Heroína de la Unión Soviética.

Para ahondar un poco más en el tema, me referiré al libro La guerra no tiene rostro de mujer de Svetlana Alexiévich, quien recorre el país ruso buscando los testimonios de las mujeres que defendieron su país durante la invasión nazi y fueron calladas.

Quiero hablar… ¡Hablar! ¡Desahogarme! Por fin alguien nos quiere oír a nosotras. Llevamos tantos años calladas, incluso en casa teníamos que tener la boca cerrada. Décadas.

-Testimonio de Ivánovna, Natalia, p. 58.

La autora escribe el libro cronológicamente en forma de diario, reuniendo experiencias similares en distintos capítulos.  En cada capítulo cuenta su recorrido a las casas de las mujeres a las que después cita.

El testimonio de Olga Yákovlevna Omélchenko es uno de los más largos. Ella se marchó al frente a los 15 años, junto con otros, ella se ató en un camión y se juntó con otro grupo de chicas que quería llegar al frente. Llegó a Tambow donde comenzó a trabajar en un hospital y a los dieciséis comenzó a donar sangre. Después solicitó sus papeles para ir a luchar. Ella dice que el primer combate es lo más espantoso, que el cielo tronaba y la tierra temblaba, crujía. La intentaron sacar varias veces pero ella advertía que regresaría de todas maneras.

Aquel día seguí sacando a los heridos del campo de combate, siempre con sus armas. A rastras alcancé al último, tenía el brazo completamente partido. Se le aguantaba sujeto por unos pequeños pedazos…, ligamentos …bañados en sangre…Había que cortarle el brazo en seguida para ponerle el vendaje. No había otra solución. Y yo no tenía cuchillo, ni tijeras. (…) ¿Qué podía hacer? Corté aquella carne con los dientes. (…)No era yo.

– Testimonio de Olga Yákovlevna, p.175.

Aunque gran parte de los testimonios fue censurado, el libro tiene gran contenido explícito sobre la violencia, los abusos y los problemas a los que se enfrentaron las mujeres durante esta guerra.

Para las mujeres, esta serie de eventos no debería ser vista como victoria o como derrota, sino más bien como un pequeño paso de la construcción de nuestra dignidad, como una muestra de nuestro poder y de nuestra rabia. La participación de las mujeres en la Segunda Guerra Mundial trasciende hoy en día como una de las revoluciones de las mujeres, en la que la individualidad se volvió una fuerza colectiva que buscó darlo todo por sus ideales.

Fuentes consultadas:

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